miércoles, 7 de marzo de 2012



Algunas mañanas que despiertan con el sol medio apagado; con los ánimos decaídos, y el corazón lleno de ojeras: Algunos días no deberían ni siquiera empezar. Algunos días deberían desaparecer bajo la sábana, bajo la frazada, bajo el cubrecama...
Hay tardes que contrastan entusiastas una mañana perdida; hay otras que le copian el rumbo y simplemente no hacen nada. Hay temperaturas que congelan, que nublan el corazón y llenan de lluvia los ojos... Otras te levantan, te sacan del enredo cometido en la cama y comienzan bajo el agua tibia de la ducha mañanera.
Hay noches tristes. Noches que quisieran haberse quedado en día... Noches que hubiesen preferido esconder la luna tras el sol, y tan sólo olvidar que a alguna hora tenía que (inevitablemente) comenzar.
Hay noches que dejan la almohada impregnada de tristeza, otras que tan sólo no te dejan dormir.

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