Se miró al espejo aquella mañana de abril, y recordó con exactitud las palabras del hombre que tanto la había hecho sufrir: ‘’Jamás dejaré de amarte’’.
¿Sería cierto?, se preguntó. ¿Existiría algún universo paralelo en donde ellos pudieran ser felices juntos?
Cerró sus ojos deseando que su reflejo desapareciera. No había dormido nada esa noche, y unos surcos morados rodeaban sus párpados por el cansancio.
Decidió que no desayunaría, aunque su madre había dejado para ella un pastel de feliz cumpleaños, acompañado de un par de globos y unas coloridas serpentinas.
Salió silenciosamente de su casa, como cada mañana, y cerró
tras de sí la puerta sin que ésta emitiera sonido alguno.
Echó a andar, y con la brisa fría de esa mañana de otoño, llegaron también las lágrimas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario